Maria Magdalena Frescobaldi
El 11 de Noviembre de 1771, en una noble familia de Guiseppe Frescobaldi y de Guiseppa Quaretesi nacía la última hija: María Magdalena. Con ella terminaban sus sueños de la descendencia. En efecto le habían precedido otras dos hermanas: Virginia y Anastacia y un hermano, Francisco que murió pocos días después de su nacimiento.
A la edad de 19 años, María Magdalena se casa con Pier Roberto Capón, heredero de una ilustre familia y de un patrimonio riquísimo. Ambos testimonian su fe con obras de caridad y una profunda vida de fe. En Florencia, es una familia distinguida, también por el oficio que ocupan en la Corte Toscaza de Fernando III de Lorena. Con todo, status social, no le ahorra a Magdalena la pérdida dolorosa de tres hijas. La queda sólo Gino, que le educa con solicitud y afecto, pero dispuesta a entregar a Dios también este hijo único, antes que verlo convertido en una persona deshonesta.
El año 1799, la invasión de las tropas francesas en Italia trae a la capital del Gran Ducado, igual que a otros lugares, desórdenes, lutos y sufrimientos. Tampoco la familia Capón se preserva de este hecho y sucesivamente conoce la amargura de la separación, la violencia de los conquistadores y finalmente el exilio fuera de la patria.
En Viena, ciudad del exilio, el Espíritu guía a Magdalena al conocimiento del Movimiento de la Amistad Cristian, fundado por el Jesuita P. Diessbach. El movimiento tiene como fin la preparación de pequeños núcleos de cristianos destinados a ser fermento evangélico en las cortes Europeas y a la aristocracia, de forma que pudieran influir en la ejecución de una política a favor de la doctrina de la Iglesia y la promoción de los estratos sociales mas necesitados de ayuda.
A su vuelta a Florencia en la primavera del año 1803, María Magdalena se hace miembro activo del grupo de los Amigos y Amigas de Florencia. Es un periodo de gracia en su vida y una ocasión para profundizar las exigencias de su consagración bautismal. María Magdalena comprende que la fe sin obras, es una fe vana.
Inscrita en la asociación de los Siervos de María y en la tercera Orden Franciscana, María Magdalena es una mujer dotada de una admirable capacidad de síntesis que la conduce a testimoniar y a encarnar una espiritualidad personal muy rica, unificada por la contemplación del Señor Crucificado y de María, la Virgen Dolorosa.
El encuentro con el sufrimiento físico en el hospital San Bonifacio le hace descubrir otro sufrimiento mayor: las condiciones de vida de tantas jóvenes caídas en las redes de la prostitución.
La memoria del Señor Crucificado y de la Virgen Dolorosa toma un rostro y una invitación exacta: María Magdalena se siente llamada a servir en el Reino, imitando a Jesús, que en su ida mortal conversaba con los pecadores, comía con ellos y con corazón de misericordia los perdonaba, transformando radicalmente su existencia. Desde entonces la vida de Magdalena se entrega totalmente a las jóvenes que encuentra por las calles de su ciudad.
El 17 de marzo de 1815, cuatro jóvenes acogidas por ella, convertidas al Señor y transformadas por la gracia de Dios, comienzan una nueva vida, basada en la memoria de la Pasión de Jesús y de la Virgen Dolorosa. El año 1817 María Magdalena confía la pequeña comunidad a San Pablo de la Cruz, a través del general de los Pasionistas; injertado así su Retiro en la tradición del gran apóstol, místico, maestro de espíritu y misionero del siglo XVIII.
Con el gesto de la consignación Magdalena expresa una doble realidad: reconoce e indica a San Pablo de la Cruz como manantial vivo de espiritualidad para sí misma y para sus hijas, al mismo tiempo, enriqueciéndola con una visión y misión nueva.
Magdalena Frescobaldi entrega su alma a Dios el 8 de abril del año 1839. Dejando la Congregación bajo la responsabilidad de Suor Crosifissa Tognoni.
Tomado de Koinonia y Magdalena Frescobaldi, “Voluntaria del Amor”
El Padre nos ha llamado, por medio del Espíritu, a formar parte de la Iglesia y a vivir en ella una especial configuración con Cristo en el Misterio de su Pasión y su Cruz. Nuestro Carisma, expresado con voto especial, es vivir, dar testimonio y promover la memoria de la Pasión del Señor y de los Dolores de María junto a la Cruz.







